Que en una empresa haya buenos niveles de productividad depende de varios factores, unos tecnológicos, otros directivos, también los hay de relaciones o comunicacionales, pero nunca deben olvidar que, si la gente se ausenta porque se enferma en el trabajo, no habrán logrado nada invirtiendo en buenas computadores y planes de formación administrativa ni en excelentes planes de comunicación. Para que una empresa sea productiva, los trabajadores tienen que ejecutar sus labores de manera continuada y sostenida. Y ello depende de que puedan trabajar sin inconveniente de salud alguno.

En el trabajo “Seguridad e higiene laboral: estrategia de la productividad organizacional en empresas de construcción”, de la autoría de Annherys Paz, Maribely Soler y Jhon Muñiz dan cuenta de una definición de higiene laboral que atribuyen a Chiavenato: “el conjunto de normas y procedimientos que busca proteger la integridad física y mental del trabajador, al resguardarlo de los riesgos de salud inherentes a las tareas del puesto y al ambiente físico donde las realiza. Por tanto, esta gira en torno al diagnóstico y la prevención de males ocupacionales, a partir del estudio y el control de dos variables: el hombre y su ambiente laboral”.

Que los empleados de una empresa se enfermen habitualmente reduce la capacidad de mantener el ritmo de producción e incluso el nivel de excelencia del resultado del trabajo que realizan. Esto influye en la marcha económica de la empresa, en el clima laboral e incluso en su reputación. Que hoy en día exista el premio a “gran lugar para trabajar” no es casualidad. Y además de buenas condiciones económicas y profesionales, la higiene también cuenta a la hora de calificar la calidad de los espacios de trabajo.

Los departamentos de gestión de talento, recursos humanos, gestión humana… (hay ya tantos nombres para lo mismo que no se saber cómo acertar a denominarlos) y los de mantenimiento tienen la responsabilidad de velar por las mejores condiciones de higiene en las empresas. De esta forma, lograrán que los empleados no estén expuestos a enfermarse, lo que puede terminar en una merma de recursos económicos por la necesidad de asistir al médico o comprar medicinas o, en muchos casos, en la ausencia del puesto de trabajo. Cuando una persona no cumple con su función se producen atrasos de producción y otros compañeros del afectado pueden verse sobrecargados porque tienen que tratar de hacer la labor del que faltó.

Invertir en higiene laboral le puede ahorrar a una empresa millones de pesos a partir de garantizar niveles óptimos de productividad. Contar con un buen plan de limpieza, con especificaciones en función de las áreas más sensibles a acumular suciedad (polvo, gérmenes, etc) no es un gasto.

Para empezar, revise los niveles de ausentismo laboral y haga una encuesta entre sus empleados para saber si sufren de ciertas incomodidades de salud, en el mejor de los casos. Quizá ahí empiece a darse cuenta del riesgo que corre su empresa y se planteará revisar su plan de higiene si ya tiene uno o definirlo y aplicarlo si carece de él. Con gusto le podemos ayudar con todo esto. Y recuerden que nos cuesta que un empleado no trabaje por enfermedad. Pero también nos cuesta, más de lo que pensamos, tener empleados enfermos tratando de realizar su trabajo porque temen ausentarse del mismo.

 

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